01 octubre, 2009

Un submarino en el lago de la Casa de Campo

Pocos imaginan que en el lago de la Casa de Campo se hicieron experimentos con un submarino. Ocurrió en los años treinta. Un inquieto inventor concibió un sistema para la regeneración del aire en el interior de la nave. El artefacto, en caso de desarrollarse, salvaría muchas vidas y facilitaría la inmersión de estas máquinas. Sin embargo, no contó con el principal problema de este país. Veamos que ocurrió exactamente y como acabó la historia. Adrián Álvarez Ruiz fue desde muy pequeño una persona con inquietudes y desmesurada afición por los inventos. En 1932 era jefe de talleres de MZA (embrión de la actual RENFE) lo que le permitía estar en contacto con la maquinaria y tecnología del momento. En sus ratos libres se dedicaba a buscar innovaciones que mejoraran la vida al resto de mortales. Por ello, empezó a fabricarse en su propia casa un pequeño tanque submarino que incluía un sistema de regeneración del aire interior. Este sistema de aire fue patentado por él mismo cierto tiempo atrás. El invento se le ofreció a la Sección de Ingeniería del Estado Mayor, quienes se mostraron interesados en el artilugio. El 20 de octubre de 1932, ante más de 15.000 personas, D. Adrián se sumergió en el lago de la Casa de Campo. Al cabo de unos meses, el submarino se presentó en la plaza de toros de Barcelona, a la que dotaron de un tanque artificial construido en el ruedo. La prensa y los medios se hicieron eco de la noticia. El principal deseo del inventor era que fuera España la potencia que patentara tal tecnología. Numerosos organismos y gobiernos extranjeros se interesaron por el artefacto. De hecho, el gobierno nazi ofreció una importante suma de dinero para que el invento se desarrollara en Alemania. D. Adrián respondió en una misiva que “aquel era un invento español y España debía ser la nación que lo desarrollara primero”.
Siguiendo la costumbre de este país de no financiar la investigación, el proyecto se paralizó. Los años pasaban y no surgía un mecenas nacional que se interesara por el sistema. Nuestro hombre no tuvo más remedio que patentarlo en Gran Bretaña en 1947 para la Royal Naval Scientific Service. Aún así, el invento pionero de 1932 ya estaba obsoleto en 1947. Otros sistemas superaron al de D. Adrián Álvarez Ruiz. Triste destino el de un país que no valora lo propio.

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